miércoles, 29 de febrero de 2012

Un sentimiento por descubrir

"...entonces ella echó la cabeza hacia atrás y lo miró a los ojos. Su respiración intentaba ser pausada pero él sabía perfectamente que su mirada la agitaba por dentro, podía averiguarlo sin ninguna dificultad. La habitación, todavía en penumbra, contenía un olor fuerte, probablemente producido por la mezcla de sudores que todavía podían adivinarse en sus jóvenes cuerpos. Ella se quedó mirándolo un momento; su pelo largo y mal cuidado le tapaba la cara, lo que le daba un aire interesante y juguetón. Hasta ese momento ella no se había dado cuenta del desorden y el caos que había en su armario, -al igual que en su mente-, pensó, una camiseta en el suelo, unos pantalones mal puestos sobre una percha, un corazón roto, unas lágrimas incomprendidas y una soledad demasiado larga llenaban aquel armario.

Hacía ya algún tiempo que no hablaban de sentimientos, porque eso era demasiado vulgar para ellos. Preferían hablarse a través de miradas pasajeras, ya que no había palabras suficientes para que una conversación de ese calibre tuviera sentido, de hecho, nunca lo tuvo. A penas sabían nada el uno del otro, y a la vez lo sabían todo. Él solía hablar de su otra vida, de sus otros amores, de sus exámenes de la universidad, de sus noches de alcohol y olvido. Y ella lo escuchaba siempre atenta y paciente, con sus ojos curiosos y luminosos, intentando encontrar algún insignificante detalle que la llevara a conocer más de él, de su pasado y su presente. Un gato escuchimizado y blanco como la nieve se dejaba ver por el resquicio de la puerta, y se acomodó entre los brazos de su dueño a la espera de alguna caricia, como de costumbre.

Sin previo aviso puso el animal en el suelo y fue entonces cuando dijo:
-¿Te encuentras bien?
-Pues claro, ¿por qué tendría que encontrarme mal?-, respondió ella con un tono orgulloso.
-Solo quiero que estés bien, no quiero que sufras, pequeña.

Ella se quedó pensativa un momento, asimilando aquella frase y digiriendo las preguntas y sensaciones que se le venían de golpe a la cabeza y al pecho.

-Tú nunca te has preocupado por cómo estoy, no sé a que viene eso ahora-, respondió con voz temblorosa.
-¡Ah! Ya empezamos de nuevo, no seas mala conmigo por favor.

Y ese fue el momento de su perdición, aquella sonrisa que esbozó en un segundo, aquellos ojos inteligentes clavados en los suyos, aquel aliento a whisky barato y su pequeño pero intenso gesto de ternura inició el descenso al más duro infierno que su pequeño corazón había experimentado. Entonces fue cuando nuevos pensamientos y sentimientos que no alcanzaba a comprender abordaron su inexperiencia , -¿qué es todo este ruido que no cesa en mi pecho? ¿qué me está pasando?-, fue en ese preciso instante cuando una vozecilla le susurró al oído que el amor está en cualquier palabra, en cualquier mirada, en cualquier persona. Que entra sin avisar y se instala en el corazón el tiempo que le venga en gana.

Chiquitina, vete acostumbrando a su presencia, a sus pataletas y enfados, a los momentos junto a la chimenea, a sus largos paseos por la playa, a sus llantos incesantes y por supuesto, no te olvides de prepararle una buena cama y una estancia agradable, porque posiblemente habite en tu corazón más tiempo del que puedas soportar."

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